La teoría de Elinor Ostrom aplicada al desarrollo de inteligencia artificial
El modelo de gobernanza de recursos compartidos de Elinor Ostrom ofrece claves para gestionar la inteligencia artificial como un bien común digital.

La inteligencia artificial se perfila como un recurso global que requiere mecanismos de gestión colectiva, un fenómeno que académicos comparan con la tragedia de los comunes estudiada por Elinor Ostrom. La economista, quien fue la primera mujer en obtener el Nobel de Economía, demostró que las comunidades pueden gestionar recursos compartidos de manera eficiente sin necesidad de una privatización total o una regulación estatal centralizada y rígida. Este enfoque resulta particularmente relevante hoy ante el avance acelerado de los modelos de lenguaje y la infraestructura de datos global.
La tragedia de los comunes ocurre cuando individuos, actuando de manera independiente y racional, agotan un recurso compartido en detrimento del bienestar general. En el ámbito tecnológico, esto se traduce en la sobreexplotación de datos públicos para el entrenamiento de modelos privados, lo que plantea riesgos significativos para la equidad y la transparencia. Expertos sugieren que, al igual que los sistemas de riego o pastizales analizados por Ostrom, los datos de internet deben ser tratados como un procomún sujeto a normas de uso establecidas por sus propios usuarios y desarrolladores.
En México, instituciones como el CONAHCYT han comenzado a explorar marcos regulatorios que permitan un desarrollo de la IA con soberanía tecnológica. El reto para el Estado es fomentar una gobernanza policéntrica que incorpore a universidades como la UNAM, el sector privado y la sociedad civil, evitando que la tecnología sea controlada únicamente por intereses corporativos transnacionales. La aplicación de estos principios busca garantizar que el beneficio del desarrollo digital sea distribuido equitativamente entre la población mexicana.
La implementación de estas estrategias requiere de una colaboración estrecha con organismos internacionales y una vigilancia constante por parte de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes. La propuesta central es crear consorcios de datos donde la información sea catalogada como un bien público de acceso abierto, permitiendo que la innovación florezca sin sacrificar la privacidad de los usuarios. De esta forma, el legado de Ostrom se mantiene vigente como una herramienta esencial para navegar los desafíos éticos y económicos de nuestra era digital.


